Desde la pérdida de puntos del carnet hasta un accidente con fatales consecuencias, superar las tasas de alcoholemia establecidas puede acarrearnos no pocos problemas. Está claro: alcohol y motos son incompatibles, un cóctel explosivo.

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Alcohol y motos: combinación imposible

Con la llegada del mes de diciembre entramos en el invierno. A las lluvias de otoño se suma un acusado descenso de las temperaturas, las estaciones de esquí inician su actividad a pleno rendimiento y el alumbrado de Navidad nos anuncia que entramos en la época del año más entrañable para pequeños y mayores.

Hasta la festividad de los Reyes Magos, serán muchos los que disfruten de comidas y cenas con compañeros de trabajo, amigos, seres queridos y familiares. Celebraciones en las que no faltará una cerveza para abrir el apetito, un buen vino para maridar el menú, una copa de cava para brindar por el nuevo año y, ya puestos, un chupito para la tertulia de sobremesa.

Pero no hace falta esperar a las navidades para ser testigos de este tipo de hábitos. Como recuerdan desde la Dirección General de Tráfico (DGT), el consumo de alcohol es frecuente en nuestro país. En el ámbito de la seguridad vial, se estima que el 42% de los conductores españoles se pone a los mandos de su vehículo después de haber ingerido alcohol. En muchas ocasiones, esa combinación de alcohol y conducción no se traduce en un accidente de tráfico, lo cual provoca que el conductor no tenga ninguna percepción de peligro y vuelva a repetir su comportamiento.

Pero tanto va el cántaro a la fuente que, al final, se acaba rompiendo… Tarde o temprano, el accidente terminará produciéndose y engrosando en las listas negras de la siniestralidad. En la actualidad, el consumo de alcohol, junto al de otras drogas, es uno de los principales factores de accidentes de tráfico junto a la conducción distraída o desatenta, la velocidad inadecuada y el cansancio o el sueño.

Tasas y pruebas de alcoholemia: ¿qué dice la ley?

En el caso de los motoristas, al tratarse de un colectivo vulnerable, hay expertos que plantean aplicar una tasa de alcohol 0,0. Pero hasta que la misma se materialice, conviene conocer cuáles son las tasas contempladas en la legislación española a día de hoy. Al respecto, el artículo 20 (Tasas de alcohol en sangre y aire espirado) del Reglamento General de Circulación deja claro que:

  • No podrán circular por las vías objeto de la legislación sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial los conductores de vehículos ni de bicicletas con una tasa de alcohol en sangre superior a 0,5 gramos por litro o en aire espirado superior a 0,25 miligramos por litro.
  • Además, los conductores profesionales y noveles (con dos años de antigüedad con el carnet o licencia de conducir) no podrán superar la tasa de alcohol en sangre de 0,3 gramos por litro ni de alcohol en aire espirado de 0,15 miligramos por litro.

Y si bien es cierto que existen distintas variantes que influyen sobre las tasas de alcoholemia, es preciso tener en cuenta que bastará ingerir un par de cervezas o copas de vino para dar positivo en un test de alcoholemia. Sobre este último, el artículo 21 (Investigación de la alcoholemia. Personas obligadas) del citado Reglamento General de Circulación señala que:

  • Todos los conductores de vehículos y de bicicletas quedan obligados a someterse a las pruebas que se establezcan para la detección de las posibles intoxicaciones por alcohol. Igualmente, quedan obligados los demás usuarios de la vía cuando se hallen implicados en algún accidente de circulación.

¿Qué consecuencias tiene dar positivo en un test de alcoholemia?

Queda claro, pues, que ante un control de alcoholemia no podemos hacernos los “locos”. Además, como veremos a continuación, no es nada recomendable. Y una vez realizado el test, si el resultado es positivo tendremos que asumir las consecuencias:

  • En primer lugar, nuestra moto será inmovilizada y deberemos hacernos responsables de los cargos motivados por la inmovilización, el traslado y el depósito del vehículo.
  • Por si fuese poco, superar las tasas de alcohol establecidas está tipificado en la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial como una infracción muy grave.
  • Y esto último se traduce en una retirada de puntos del carnet de conducir. En concreto, en función de la tasa superada, perderemos 6 o 4 puntos del permiso de conducción.
  • Asimismo, haber bebido más alcohol del permitido nos supondrá “rascarnos” el bolsillo y pagar una multa.
  • Y finalmente, superar unas tasas de alcohol en sangre de 1,2 gramos por litro o en aire espirado de 0,60 miligramos por litro puede conllevar, según el artículo 379 del Código Penal, una pena de prisión de tres a seis meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días.
¿Qué sucede si nos negamos a pasar un control de alcoholemia?

Como hemos visto, todos los conductores estamos obligados a someternos a un control de alcoholemia. Y es recomendable ceñirse a lo especificado en el Reglamento General de Circulación si no queremos empeorar las cosas. Obviamente, siempre nos quedará la posibilidad de ponernos en manos de profesionales y plantear un recurso si el resultado del test es positivo y no estamos de acuerdo. Pero negarnos en rotundo agravará la situación:

  • Volviendo al Código Penal, observa que quienes se nieguen a someterse a las pruebas de comprobación de las tasas de alcoholemia y la presencia de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas serán castigados con las penas de prisión de seis meses a un año.
  • Igualmente, verán privado su derecho a conducir entre uno y cuatro años.
  • Y su negación llevará aparejada la pérdida de 6 puntos del carnet de conducir y una sanción económica.
¿Cómo afecta la ingesta de alcohol a nuestro organismo?

Y todo esto, aun siendo muy negativo, es lo menos malo que nos podría pasar… Una copita de más puede derivar en un accidente de circulación, ya que el alcohol altera nuestro comportamiento y afecta a casi todas las capacidades psicofísicas necesarias para conducir de forma segura. A grandes rasgos, desde la DGT nos recuerdan cómo afecta el consumo de alcohol a nuestro organismo:

  • El alcohol nos produce euforia y hace que nos sobrevaloremos a la hora de conducir. A pesar de haber bebido unas copas, nos sentimos bien y “controlamos”.
  • Tras ingerir alcohol somos menos responsables y prudentes. Y también más impulsivos, agresivos y descorteses.
  • Además, un conductor bajo los efectos del alcohol comete más infracciones.
  • En el caso de las funciones perceptivas, el alcohol afecta a la visión. Y este problema puede derivar en una peor percepción de las luces y señales, una distorsión del cálculo de las distancias y las velocidades, una reducción del campo visual, etc.
  • Al superar las tasas de alcohol establecidas es más probable que un conductor sufra una distracción.
  • Con alcohol en sangre, también se produce una descoordinación motora y psicomotora, los movimientos son menos precisos y nuestro equilibrio presenta alteraciones.
  • En definitiva, el alcohol acabará pasándonos factura: hará que cometamos más errores al manillar de la moto, que disminuya nuestra capacidad de tomar decisiones, que el tiempo de respuesta sea inferior al normal y, por último, que reaccionemos tarde y mal ante cualquier situación que se nos presente.
No te la juegues: en moto, si bebes no conduzcas

Por todo lo expuesto, no hagas caso a las falsas creencias. Hay quienes piensan que hacer ejercicio, mascar chicle, masticar granos de café o beber mucha agua minimizará los síntomas del alcohol antes de someterse a un control de alcoholemia. Nada más lejos de la realidad.

Ya sea en navidades o durante el resto del año, no te arriesgues: al manillar, ni una gota de alcohol. Es algo que los monitores de la Fundación AMV recuerdan a los estudiantes a través del Proyecto de Educación Vial para Jóvenes. Si te has tomado una copa de más, aparca tu moto y llama a un familiar para que te lleve a casa, solicita los servicios de un taxi o muévete en transporte público. Recuerda que alcohol y motos son incompatibles y que conforman un cóctel explosivo. ¡Toma nota!

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