Desde los neumáticos hasta los modernos grupos ópticos con tecnología LED, los elementos que conforman la seguridad activa de una moto son “ángeles de la guarda” que, en muchas ocasiones, contribuyen a evitar un accidente. Los repasamos.

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Desde la creación de la considerada primera motocicleta moderna –desarrollada por el ingeniero, constructor e industrial alemán Gottlieb Daimler en 1885–, mucho ha evolucionado un medio de transporte que se ha convertido en un aliado urbano, turístico y deportivo de millones de usuarios a lo largo y ancho del planeta. De manera especial, en lo relativo a la seguridad activa, es decir, los elementos que, en la medida de lo posible, pueden contribuir a evitar que se produzca un accidente.

Llegado el momento de analizarlos, comenzaremos por el denominado triángulo de la seguridad. Y no, no nos referimos a esos triángulos de preseñalización de peligro con propiedades reflectantes que los conductores han de colocar por delante y por detrás de un vehículo en caso de sufrir un accidente o quedarse tirados en la carretera. Hablamos del conjunto conformado por neumáticos, frenos y suspensiones.

Neumáticos y sistema TMPS

Si antes hacíamos alusión al origen de la motocicleta, conviene plantearse también cuándo se inventó la rueda, ya que sin ella no existiría la moto tal y como la conocemos hoy. Al margen de si la misma se creó en Mesopotamia o en Europa Central hace más de 5.000 años, lo cierto es que su aparición fue decisiva para la evolución del ser humano. Poco a poco, los primitivos discos macizos de arcilla o madera fueron transformándose hasta contar con radios y cubiertas de caucho. Un progreso culminado en 1888 por el escocés John Boyd Dunlop, a quien se le atribuye la patente del neumático con cámara de aire.

Desde entonces, la historia del neumático ha estado marcada por el desarrollo de cubiertas sin cámara de aire, radiales, antipinchazos, con tecnología bigoma (de dos compuestos), etc. Actualmente, los departamentos de I+D+i de los fabricantes diseñan prototipos y modelos de neumáticos para todo tipo de motocicletas.

Y también se ha producido un significativo avance con el denominado TPMS (del inglés Tire Pressure Monitoring System), un sistema que alerta al piloto si detecta que la presión de los neumáticos es incorrecta. Sin duda, un invento muy útil, ya que, junto a la revisión del estado de la cubierta y la profundidad de las ranuras de la banda de rodadura, vigilar la presión de los neumáticos es esencial para circular en moto con seguridad.

Los sistemas ABS y CBS, obligatorios

Se suele decir que tan importante como saber dar gas lo es frenar correctamente. Y en términos de seguridad, la expresión nos parece de lo más acertada. Al respecto, en la Fundación AMV nos congratulamos de la entrada en vigor de la normativa Euro 4, ya que los requisitos contemplados en ella dan lugar a motos más eficientes y seguras.

En este último apartado, la normativa Euro 4 obliga a que todas las motos homologadas con una cilindrada igual o superior a 125 cc incluyan el sistema antibloqueo de frenos (ABS) de serie. Y por debajo de la misma, exige que incorporen un sistema de frenada combinada (CBS). En ambos casos, su cometido es similar: reducir la distancia necesaria para que se detenga el vehículo, facilitar que durante la maniobra pueda sortearse un obstáculo o cambiar de dirección y que la moto no se desestabilice al “tirar” de frenos.

Ajuste electrónico de la suspensión

La suspensión juega un papel fundamental en el comportamiento de un vehículo, ya que es la encargada de garantizar que, pese a las irregularidades del piso, el neumático siempre se mantenga en contacto con el suelo, ofreciendo así seguridad y comodidad a sus ocupantes. Por ello, al igual que sucede con los neumáticos y el equipo de frenos, se debe prestar especial atención a su conservación, ya que una suspensión en mal estado puede comprometer la estabilidad de la moto, provocar un mayor consumo de combustible e incrementar el desgaste tanto de los neumáticos como de la transmisión.

Tradicionalmente, el reglaje de las suspensiones –precarga del muelle, compresión y extensión– se ha realizado manualmente. Pero la llegada del siglo XXI trajo consigo un significativo avance: el ajuste electrónico. Como sucede con todo invento, el mismo se ha ido perfeccionando hasta el punto de convertirse en un sistema inteligente. Y es que, más allá del tipo de reglaje que seleccione el piloto, las suspensiones electrónicas más sofisticadas adaptan automáticamente la amortiguación al estado del piso y el tipo de conducción. ¿El resultado? Lógicamente, un comportamiento de la moto mucho más estable y seguro.

Controles de tracción y estabilidad

Denominado con siglas diferentes en función del fabricante, el control de tracción es otro de esos avances que, al igual que el ABS, ha llegado a las motos tras ser testado previamente en el mundo del automóvil. Como revela su denominación, la función de este dispositivo es garantizar que la rueda trasera no pierda tracción ni derrape. En definitiva, que el motorista no se lleve ningún susto al accionar el puño del gas y acabe por los suelos.

Este sistema se sirve de sensores que miden la velocidad de las ruedas y la inclinación del vehículo. Y en el caso de detectar una anormalidad en el tren posterior, actúa sobre el par motor con el fin de que la rueda recupere de nuevo la adherencia y, por lo tanto, la tracción. Actualmente, algunas marcas ofrecen controles con distintos niveles de intervención –seleccionables a gusto del piloto– y también optimizados para evitar pérdidas de tracción en tramos de curvas.

En cuanto al control de estabilidad, va un paso más allá y brinda unos mayores niveles de protección a los usuarios. Y si bien su concepto es diferente en función del fabricante, la finalidad es la misma en cualquier caso: evitar que la moto se desestabilice. Y para ello, al igual que el control de tracción, se sirve de la electrónica.

De manera especial, la adopción del control de estabilidad se hace notar al circular en carreteras deslizantes –ayudando a que la rueda de tracción no pierda adherencia–, en frenadas fuertes en curvas –evitando, entre otras situaciones, la pérdida de trayectoria o una caída si se actúa sobre los frenos con demasiada contundencia– o al acelerar bruscamente –impidiendo que se levante la rueda delantera y se produzca lo que popularmente se conoce como “caballito” o “wheelie”–.

Iluminación LED: Para ver y ser vistos

Para finalizar, otro de los avances significativos que se ha producido en el mundo de la moto tiene que ver con la iluminación. En este sentido, cada vez son más los scooters y motocicletas que cuentan con grupos ópticos y función de luz diurna con tecnología LED, hasta hace poco reservada a modelos de gama alta. Ahora, gracias a los diodos de última generación, las motos disponen de equipos que brindan una iluminación más eficaz y eficiente que, a su vez, posibilita un mayor y mejor campo de visión para el piloto y, no menos importante, que el motorista sea más visible para el resto de usuarios de la vía.

La evolución de los sistemas de iluminación pasa por ofrecer funciones avanzadas como la luz autoadaptable en curvas o la luz de láser. La primera, como su propio nombre indica, aporta más visibilidad en tramos serpenteantes sin deslumbrar a los conductores que se aproximan en dirección contraria. Y la segunda es capaz de duplicar el haz de luz, en comparación con los faros convencionales, y se caracteriza por una vida útil mayor gracias a su construcción compacta, robusta y sin necesidad de mantenimiento.

Por último, cabe destacar que la tecnología LED también se ha incorporado a la seguridad pasiva. Así, entre los avances desarrollados para reforzar la seguridad de los motoristas figuran cascos que incluyen luces de posición y de freno y guantes con diodos luminosos en el dorso que se iluminan al accionar los intermitentes o las luces de emergencia.

Clases teóricas y cursos de conducción

La Fundación AMV fomenta el conocimiento de los elementos que conforman la seguridad activa de las motos a través de clases teóricas a alumnos de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO). En los últimos meses, cerca de 450 estudiantes de centros educativos de Madrid, Alcalá de Henares, Majadahonda, Ávila y Toledo han tenido la oportunidad de familiarizarse con su funcionamiento y aprender cómo contribuyen a reforzar la seguridad de los motoristas.

Además, pensando en estos últimos, la Fundación AMV promueve periódicamente la celebración de cursos de conducción segura que, entre otras nociones, facilitan que los participantes sepan cómo detener el vehículo tanto en superficie seca como deslizante, cómo frenar en función de si la moto cuenta con ABS o no, conducir sobre firmes irregulares, girar en zonas con poco espacio de maniobrabilidad o trazar curvas correctamente.

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