Ya sea por sus preocupaciones personales o laborales, las situaciones del tráfico o el miedo a conducir, muchos conductores padecen estrés. Desde la Fundación AMV nos ocupamos de sus consecuencias en la seguridad vial y ofrecemos una serie de consejos para plantarle cara a la considerada gran enfermedad del siglo XXI.

Según el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), el estrés es “la tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. Para muchos expertos, se trata de la gran enfermedad del siglo XXI y de una pandemia silenciosa que afecta a millones de personas.

En el caso de nuestro país, según el estudio Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés, más de 12 millones de personas afirman sufrirlo habitualmente en su vida diaria. Por su parte, la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) señala que uno de cada tres pacientes que acude al médico de cabecera presenta síntomas derivados del estrés. Y el citado informe concluye que, por desgracia, el actual modelo de organización social, laboral y económico está convirtiendo la cronicidad del estrés en un problema muy común.

Llegados a este punto, conviene aclarar que el estrés es una respuesta automática que genera nuestro organismo para adaptarse al medio que le rodea y a los cambios que se producen en él. Y que tiene dos caras: una positiva y otra negativa. Esta última es la que preocupa por sus consecuencias en la salud. Y, como veremos a continuación, también por las repercusiones que tiene en la seguridad vial.

Al respecto, desde la Dirección General de Tráfico (DGT) recuerdan que los conductores no somos ajenos al estrés y que la relación entre este último y la conducción es doble:

  • Por un lado, el estrés que sufrimos debido a nuestras circunstancias vitales influye en la forma de conducir y repercute directamente sobre las tasas de accidentalidad.
  • Y, además, el propio tráfico genera situaciones que, como los atascos, son una fuente de estrés por sí mismas.

¿CUÁLES SON LAS SITUACIONES QUE PROVOCAN ESTRÉS?

En lo relativo al primer punto, si bien son muchos los que pueden generarnos un estrés negativo, hay algunos factores que, de manera especial, pueden llegar a tener consecuencias fatales en la conducción. Entre ellos, la DGT destaca los siguientes:

  • Cambios bruscos o frecuentes en nuestra vida o en el trabajo. Hablamos de cambiar de domicilio o pareja sentimental, una separación o divorcio, el fallecimiento de un ser querido, incorporarse a una nueva empresa o perder el puesto de trabajo, etc.
  • Sobrecarga de trabajo. Sobre todo, si la labor que se desempeña es de precisión o exige mucha concentración.
  • Autoexigencia. Marcarse metas por encima de lo razonable, mantener un ritmo de vida acelerado, querer ser excesivamente competitivos o vivir situaciones frustrantes acaban pasando factura a nuestro organismo.
  • Estimulación ambiental excesiva o molesta. El propio tráfico o los entornos muy bulliciosos o ruidosos son fuente de estrés.
  • Sensación de peligro. Por último, estar inmersos en escenarios en los que pueda peligrar nuestra integridad o seguridad, como los relacionados con la circulación, también genera estrés.

Los expertos hacen especial hincapié en que la probabilidad de sufrir un accidente de tráfico es mayor cuanto más intenso sea el estrés experimentado, cuantas más situaciones estresantes ocurran o cuanto menos tiempo haya transcurrido desde su aparición.

¿QUÉ FACTORES GENERAN ESTRÉS CUANDO CONDUCIMOS?

Si nos ceñimos a las condiciones del tráfico y de la circulación (atascos, mal estado de la calzada, falta de plazas de aparcamiento, etc.), la DGT recuerda que, por sí solas, son una fuente de estrés. Pero, además, existen otros factores que lo provocan a la hora de conducir:

  • Las maniobras peligrosas o un incidente en el tráfico pueden desencadenar reacciones de defensa, hostilidad, tensión, agresividad o ansiedad.
  • Querer llegar antes al destino, sumado a las frecuentes congestiones de tráfico, suele generar estrés y un comportamiento hostil.
  • Como hemos visto anteriormente, las condiciones del tráfico y de la circulación son una fuente de estrés. Si a ello le sumamos situaciones que requieren una mayor atención aún, el resultado podría ser un estrés perceptivo que nos impediría captar los estímulos necesarios para conducir con seguridad.
  • Padecer amaxofobia o miedo a conducir es otro factor a considerar. Entre las causas que la provocan se encuentran las siguientes: haber sufrido o presenciado un accidente de tráfico; no estar lo suficientemente preparado para conducir; haber sido víctima de un ataque de pánico durante la conducción; circular por sitios desconocidos o por un determinado tipo de vías; conducir con condiciones climatológicas adversas o con falta de luz; tener una personalidad excesivamente perfeccionista o rígida; el miedo a sufrir un accidente de circulación con niños a bordo, etc.

¿CÓMO AFECTA EL ESTRÉS A LA CONDUCCIÓN?

Por lo que respecta a cómo afecta el estrés a la conducción, los expertos dividen el proceso en tres fases: reacción de alarma, resistencia y agotamiento.

  • Reacción de alarma. Los síntomas del estrés se traducen en un comportamiento más competitivo, agresivo u hostil, reacciones impacientes e impulsivas, una disminución de la capacidad de anticipación, una conducción imprudente y un menor respeto a las normas de circulación y la convivencia en el tráfico.
  • Resistencia. Básicamente, hablaríamos de los mismos síntomas, pero con un grado de intensidad menor. En esta etapa se observa una alteración mayor de lo esperable ante cualquier pequeña contrariedad que surja en el entorno del tráfico.
  • Agotamiento. Finalmente, la fase de agotamiento se caracteriza por unas reacciones más lentas, una dificultad mayor para mantener la atención, la aparición de la fatiga, la conducción temeraria, etc.

Todo ello se traduce en conflictos con otros usuarios de la vía, conducir a una velocidad excesiva o inadecuada, cometer errores en la toma de decisiones, no anticiparse a los riesgos, actuar imprudentemente, no respetar las normas de circulación…

SI VAMOS A CONDUCIR, ¿CÓMO PODEMOS EVITAR EL ESTRÉS?

Si somos conscientes de que padecemos estrés, lo mejor es ponernos en manos de especialistas que nos ayuden a combatirlo. Y en lo relativo a la conducción, estos consejos nos serán de utilidad:

  • Cuando nos vayamos a subir en el coche o en la moto tendremos que dejar aparcados nuestros problemas personales o laborales.
  • Es recomendable realizar los desplazamientos de tal forma que se llegue al destino con tiempo suficiente. Ya se sabe: la velocidad excesiva y las prisas son malas consejeras…
  • Antes de los recorridos diarios o de un viaje deberemos descansar lo suficiente.
  • Si vamos a escuchar la radio o música mientras conducimos, es aconsejable elegir una emisora o seleccionar canciones que no nos alteren.
  • Y también regular la temperatura del aire acondicionado o climatizador a nuestro gusto. Conducir con la temperatura adecuada es primordial para que nos sintamos a gusto y podamos conducir de forma más relajada y segura.
  • Una vez inmersos en el tráfico, no debemos desesperarnos si nos sorprende un atasco. Ante situaciones así, lo mejor es ser tolerante y paciente.
  • Si los recorridos que hacemos todos los días nos estresan, ¿por qué no intentamos buscar itinerarios alternativos? Si es posible, quizás una nueva ruta contribuya a que baje nuestro nivel de estrés.
  • No imponernos metas inalcanzables en nuestro día a día, relajarnos en los momentos adecuados, realizar actividades relajantes con cierta frecuencia y mantener un estilo de vida saludable nos será de gran ayuda para evitar el estrés.
  • Siempre debemos tener presente que el consumo de alcohol, tabaco, drogas y algunos medicamentos es incompatible con la conducción. En cuanto a la alimentación, no hay que abusar del café o el té.
  • Y si lo que nos genera estrés es el simple hecho de conducir, lo mejor es participar en un curso de conducción. Gracias a los psicólogos y profesores de educación vial especializados en el tratamiento de la amaxofobia podremos superar ese miedo que nos atenaza.

En definitiva, el estrés se ha convertido en el pan nuestro de cada día y son muchas las personas que lo padecen. Si nos afecta y tenemos que ponernos a los mandos de nuestro automóvil o motocicleta, deberemos conducir con prudencia. Y en casos críticos, no conducir será la mejor decisión que podamos tomar. En cualquier caso, asumir que el estrés nos afecta y acudir a especialistas facilitará que mantengamos el estrés bajo control y conduzcamos con mayor seguridad.

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