En las nuevas políticas municipales, orientadas a reducir las emisiones contaminantes, la moto se erige en protagonista de la movilidad sostenible. Repasamos las principales ventajas de un medio de transporte ecológico, rápido y económico.

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En los últimos años, el perfil del motorista español ha cambiado notablemente. Atrás quedan los tiempos en los que al motero de nuestro país le gustaba presumir de moto “gorda” para acudir a concentraciones y grandes premios. A estas alturas del siglo XXI, la realidad es bien distinta. Basta echar un vistazo al observatorio estadístico de la Asociación Nacional de Empresas del Sector de Dos Ruedas (Anesdor) para comprobar cómo han cambiado las preferencias de los usuarios.

Hoy en día, las motos con una cilindrada de hasta 125 cc son las grandes protagonistas, como lo demuestra el que su cuota de mercado sea superior al 55% y que la demanda de modelos de baja cilindrada continúe al alza. Asimismo, las motos eléctricas siguen ganando adeptos y ya representan un 3% de las ventas, un porcentaje que se eleva al 17% en el caso de los ciclomotores eléctricos.

Movilidad sostenible: las motos reducen las emisiones contaminantes

Entre otros motivos, ese esplendor se fundamenta en los nuevos modelos de movilidad sostenible que están impulsando los ayuntamientos de las grandes ciudades. Políticas en las que se prima el uso de los vehículos menos contaminantes con el fin de favorecer la creación de entornos urbanos más habitables.

Y de cara a materializar tan ambicioso objetivo, las motos propulsadas por motores de combustión contribuyen a reducir las emisiones. Especialmente, las unidades que se ajustan a la norma Euro 4, que comenzó a aplicarse en 2016 y que dará paso a la aún más restrictiva Euro 5 en 2020. Cuando esta última entre en vigor, las motos que se comercialicen en la Unión Europea (UE):

  • Generarán un 12% menos de emisiones de monóxido de carbono (CO).
  • Verán disminuidas sus emisiones de hidrocarburos y óxidos de nitrógeno (HC+NOx) en un 38%.

Hasta entonces, y ciñéndose al panorama actual, desde Anesdor observan que si se sustituyese el 10% del parque de otros vehículos motorizados por motos, las emisiones de dióxido de carbono (CO2) se reducirían un 46%. Concretamente, la patronal recuerda que:

  • Anualmente, los cinco millones de motocicletas y ciclomotores que hay en España permiten ahorrar 9,8 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera.
  • De media, emiten 72 gramos de CO2 por pasajero y kilómetro, cifra muy inferior a los 104 gramos de un turismo.
  • Estos vehículos, que representan el 15,7% del parque móvil de nuestro país, únicamente contribuyen en un 3,5% a las emisiones de CO2, en un 0,3% a las de dióxido de nitrógeno (NO2) y en un 6,6% a las de partículas en suspensión.

¿Para qué sirven las etiquetas ambientales de la DGT?

Pero a pesar de tan significativa contribución, todas las motos y ciclomotores no son iguales desde el punto de vista ambiental. Por ello, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha clasificado a estos vehículos según su potencial contaminante y basándose en el Plan Nacional de Calidad del Aire y Protección de la Atmósfera (Plan AIRE). El resultado son cuatro distintivos ambientales que agrupan a otros tantos tipos de motos o ciclomotores:

  • Cero (etiqueta azul). Categoría eléctrica: BEV (vehículo eléctrico de batería), REEV (vehículo eléctrico de autonomía extendida) y PHEV (vehículo híbrido enchufable) con un autonomía superior a 40 kilómetros.
  • Eco (etiqueta verde y azul). Categoría eléctrica: HEV (vehículo híbrido no enchufable) y PHEV (vehículo híbrido enchufable) con una autonomía inferior a 40 kilómetros.
  • C (etiqueta verde). Vehículos con un nivel de emisiones que se ajusta a las normas Euro 4 y Euro 3 (entró en vigor en el año 2006).
  • B (etiqueta amarilla). Vehículos con un nivel de emisiones que se ajusta a la norma Euro 2 (comenzó a aplicarse en el año 2002).

Aunque no es obligatorio colocar la etiqueta ambiental en la moto, sí es recomendable pegarla en el parabrisas o en un sitio visible para evitar ser sancionados al acceder al centro de las grandes ciudades o en episodios de alta contaminación.

En el caso de estos últimos, es muy importante saber a qué grupo pertenece nuestro vehículo debido a que pueden contemplarse distintos escenarios de circulación en los que no todos los vehículos tengan cabida. En este sentido, como comentábamos al principio del presente post, el objetivo de los ayuntamientos es favorecer el tránsito de los menos contaminantes.

Quienes deseen conocer a qué categoría pertenece su moto o ciclomotor, es posible consultar cuál es el distintivo que le corresponde a un vehículo a través de este enlace. Y las etiquetas ambientales pueden adquirirse en una oficina de Correos. Cuestan 5 euros y para comprarlas es preciso presentar un documento de identidad (DNI, NIE o pasaporte) y el permiso de circulación original de la moto o ciclomotor.

¿Qué otras ventajas aporta la moto a la movilidad sostenible?

Sin duda, ha quedado claro que la moto, aun contando con motor de combustión, reduce las emisiones contaminantes –en mayor porcentaje cuanto más moderna sea–. Pero lejos de ser exclusiva, no es su única contribución a la movilidad sostenible. Al respecto, Anesdor hace las siguientes observaciones:

  • Si se reemplazara el 10% de otros vehículos motorizados por motos, los atascos podrían disminuir un 40%.
  • Las motos reducen el tiempo de los recorridos entre un 50% y un 70%, lo cual, además de minimizar la generación de emisiones contaminantes a la atmósfera, contribuye a descongestionar el tráfico.

En relación a este último apunte, la Federación Europea de Asociaciones de Motoristas (FEMA, por sus siglas en inglés) ha demostrado que, en comparación con otros vehículos motorizados, la moto permite llegar mucho antes al destino. En concreto, FEMA basa sus argumentos en un estudio en el que se analizaron 15 ciudades de la UE: Amberes, Basilea, Berlín, Bruselas, Caen, Dublín, Estocolmo, Estrasburgo, Hamburgo, Lausana, Marsella, Mulhouse, Oslo, Roma y Stuttgart.

Si tomamos como ejemplo Oslo, en la capital noruega un automovilista invirtió 65 minutos en recorrer 29 kilómetros entre un barrio periférico y el centro de la ciudad, mientras que un motorista realizó el trayecto en 27 minutos. Según la prueba, utilizar la moto diariamente en Oslo supone ganarle más de una hora a cada jornada. Concluyente, ¿verdad?

Asimismo, conviene tener en cuenta las siguientes ventajas:

  • A la hora de aparcar, las motos ocupan cinco veces menos espacio que otros vehículos. En este apartado, además, las motos eléctricas gozan de privilegios como el aparcamiento gratuito o con tarifa reducida en zonas reguladas.
  • Con los modelos actuales, cada vez más eficientes, una moto puede recorrer hasta 3.000 kilómetros con 100 euros de gasolina.
  • Frente al desembolso que tendría que realizarse en caso de optar por un automóvil, el precio de una moto es inferior. Y si el modelo elegido es eléctrico, su comprador puede beneficiarse de ayudas públicas a la adquisición, exenciones en el impuesto de matriculación o descuentos en el impuesto de tracción mecánica municipal.
  • Por último, una moto también requiere un menor desembolso económico a la hora de contratar un seguro o realizar el mantenimiento.

Por todo lo expuesto, no es de extrañar que las motos se hayan convertido en protagonistas de la movilidad sostenible y que cada vez sean más los conductores que apuesten por ellas para realizar sus desplazamientos diarios. Entre ellos, los titulares del carnet B que han decidido aparcar su coche y decantarse por un medio de transporte más ecológico, rápido y económico. A estos últimos les brindamos una serie de valiosos consejos para conducir una moto con seguridad en ciudad y les aconsejamos participar en un curso de conducción segura antes de aventurarse a circular por el siempre agitado tráfico urbano.

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