Ya sea como peatones, usuarios del transporte público o conductores, quienes pertenecen al colectivo de la tercera edad deben poner en práctica una serie de consejos si desean ser unos mayores activos y seguros.

Afortunadamente, España se encuentra entre los países con mayor esperanza de vida. En concreto, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ocupa el tercer puesto del ranking con una edad media de 83,1 años y solamente es superado por Suiza (83,3) y Japón (84,2). Y a tenor de un estudio de la Universidad de Washington, los españoles tendrán una esperanza de vida de 85,8 años en 2040, lo cual, de cumplirse dicha previsión, permitiría a España ocupar la primera posición de la tabla.

Pero el hecho de que vivamos más años no significa que disfrutemos de una eterna juventud. Al respecto, es obvio que la movilidad articular, la visión, la audición, los reflejos o la capacidad de concentración de un ciudadano mayor nada tienen que ver con los de una persona joven. Por lo tanto, por mucho que nos cuidemos y por muy bien que nos encontremos, al llegar a la tercera edad debemos ser conscientes de nuestras limitaciones como peatones, usuarios del transporte público y conductores de vehículos a motor.

CIUDAD: CONSEJOS PARA CAMINAR CON SEGURIDAD

En la Fundación AMV no es la primera vez que nos ocupamos de uno de los colectivos más vulnerables en materia de seguridad vial: los peatones. Y los datos más recientes comunicados por la Dirección General de Tráfico (DGT) son muy preocupantes: en 2018 se contabilizaron 386 fallecidos por atropello, de los cuales 237 perdieron la vida en núcleos urbanos.

Ciertamente, caminar es un hábito muy saludable que contribuye a que las personas de la tercera edad se mantengan activas. Pero si desean hacerlo con seguridad, es preciso que tengan en cuenta, entre otros, los siguientes consejos:

  • Como norma general, se debe caminar por los espacios reservados a los peatones. Y en el caso de las aceras, lo más alejado posible de la calzada y prestando atención a las entradas o salidas de garajes de los edificios.
  • Si una calle no tiene acera o existe algún obstáculo, se circulará lo más pegado posible a la pared y de cara al tráfico.
  • Aunque se tenga prioridad en los semáforos (con la silueta del peatón en verde) y los pasos de peatones, no es aconsejable cruzar la calzada hasta comprobar que los vehículos se han detenido. Cruzar acompañado por otra persona reforzará la sensación de seguridad.
  • En el supuesto de no existir un paso para peatones, la forma más segura de cruzar una calle es perpendicularmente a la calzada, a ser preferible por las esquinas. Y siempre lo más rápido posible y sin asumir riesgos.
  • Moverse entre vehículos es una práctica muy peligrosa.
  • Mientras se camina, utilizar el teléfono móvil puede tener consecuencias fatales. Si andamos distraídos y con la cabeza agachada pendientes de la pantalla tendremos una menor percepción de lo que sucede en nuestro entorno.
  • En muchas ciudades se han habilitado carriles para ciclistas que conviven con los espacios destinados a los viandantes. No prestar atención a la señalización e invadirlos puede ser causa de atropello.
  • Ser visible es fundamental. Llegado el momento de hacer deporte o salir a pasear, se recomienda el uso de prendas claras y/o reflectantes.

¿TAMBIÉN EXISTE RIESGO AL USAR EL TRANSPORTE PÚBLICO?

No es extraño que, al llegar a cierta edad, algunos ciudadanos decidan realizar sus desplazamientos urbanos en transporte público. Además, los modelos de movilidad sostenible impulsados por algunos ayuntamientos no invitan en muchos casos a hacer uso del vehículo particular. Utilizar el tren, el metro, el autobús, el tranvía o el taxi evita la posibilidad de ser multados si se accede a un área de tráfico restringido o de pagar en una zona de estacionamiento regulado.

Sin embargo, a pesar de la comodidad que supone, hacer uso del transporte público también conlleva una serie de riesgos para los usuarios de la tercera edad. Por dicho motivo, y de cara a evitar situaciones de peligro, los expertos aconsejan:

  • Esperar la llegada del transporte público en el lugar adecuado, sin pisar el bordillo de la acera o del andén.
  • Antes de entrar, dejen salir. Es una norma de toda la vida que debe continuar cumpliéndose en el transporte público del siglo XXI.
  • Al subir y bajar de un transporte público hay que tener precaución con los escalones o posibles desniveles. Y tomarse el tiempo necesario para hacerlo con seguridad.
  • Aunque estemos llegando a nuestra parada, no debemos levantarnos del asiento hasta que el tren, metro o autobús se haya detenido. Un frenazo brusco puede provocarnos una pérdida de equilibrio.
  • Al bajar de un autobús, si deseamos cruzar una calle con seguridad tendremos que esperar a que se marche. Los vehículos de grandes dimensiones como los autobuses limitan la visibilidad del entorno.
  • Y en los taxis se tiene que hacer uso del cinturón de seguridad y bajarse del vehículo por el lado de la acera.

RECOMENDACIONES PARA CONDUCIR CON SEGURIDAD

Y por lo que respecta a la conducción, que lleguemos a la tercera edad no significa que no podamos conducir. Pero, al igual que sucede con los peatones, conviene tener presente que el colectivo de los mayores de 65 años representa un elevado porcentaje de las víctimas mortales de tráfico. En 2018 se registraron 496 fallecidos, 31 más que el año anterior, cifra que representa el 27% del total. Así pues, antes de ponerse a los mandos de un vehículo deben considerarse las siguientes cuestiones:

  • En primer lugar, los mayores tienen que ser conscientes de sus limitaciones y adaptarse a ellas. Y aunque no sea de su agrado, dejar de conducir si no se sienten preparados para ello será una decisión correcta que evitará que se pongan en peligro a ellos mismos, a quienes viajen en el vehículo y al resto de usuarios de la vía pública. No deben creer que su experiencia de tantos años los convierte en conductores invulnerables.
  • Relacionado con el consejo anterior, participar en un curso de conducción segura facilitará que sean evaluados, reconozcan sus defectos y se familiaricen con los componentes de seguridad del vehículo.
  • El uso del cinturón de seguridad o del casco homologado es obligatorio. No hacerlo conlleva una multa de 200 euros y la retirada de 3 puntos del carnet de conducir. Y peor aún: no utilizarlos puede tener unos efectos nefastos.
  • Conducir de día, evitando las horas punta, las jornadas con climatología adversa y las fechas con desplazamientos masivos, es mucho más seguro que hacerlo de noche. Además, por si surgiese algún imprevisto, los mayores siempre deben viajar acompañados por otra persona capacitada para conducir.
  • Mientras se conduce, es esencial prestar atención a la calzada y evitar distracciones como el uso del teléfono móvil.
  • Antes de un viaje de largo recorrido hay que descansar lo suficiente. Y durante el trayecto, realizar paradas cada 150 kilómetros para descansar. En este tipo de desplazamientos juegan un papel importante la hidratación y la alimentación. Lógicamente, han de descartarse tanto el alcohol como las comidas copiosas.
  • En las personas de la tercera edad es habitual el consumo de medicamentos. Pero algunos influyen negativamente en la conducción. Ante cualquier duda, debe consultarse al médico.
  • Habitualmente, suele relacionarse a los conductores mayores con vehículos de cierta antigüedad. Si no se puede o desea cambiar de vehículo, el mantenimiento del mismo en un servicio oficial posventa o un taller de confianza y superar la inspección de la ITV serán nuestros mejores aliados para circular con seguridad.
  • Si se adquiere un vehículo de última generación, es recomendable familiarizarse con todos sus mandos y componentes antes de conducirlo.
  • Y ante las prisas de otros conductores, no debe perderse la calma. A la hora de realizar una maniobra, lo verdaderamente importante es la seguridad.

Por último, los chequeos médicos periódicos nos ayudarán a detectar algún problema de salud. Más allá del obligado test psicotécnico para renovar el carnet de conducir, las revisiones oculares y auditivas, entre otras, practicadas en centros sanitarios serán de utilidad para saber cómo nos encontramos. Y lejos de llevar una vida sedentaria, ser personas activas y hacer deporte facilitará que nos convirtamos en unos peatones y conductores de la tercera edad mucho más seguros.

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