Sobre todo en el colectivo de los motoristas, una velocidad excesiva o inadecuada puede tener unos efectos muy negativos en la conducción que acaben ocasionando un accidente de tráfico, en muchas ocasiones con consecuencias graves.

moto circulando por la ciudad

Recientemente se ha modificado el artículo 48 del Reglamento General de Circulación para reducir el límite de velocidad a 90 km/h en las carreteras convencionales, en las que la velocidad inadecuada causa el 20% de los accidentes de tráfico. Al respecto, según recuerda la Dirección General de Tráfico (DGT), la velocidad inadecuada o excesiva es, junto con las distracciones y el alcohol, una de las principales causas de siniestralidad vial, ya que potencia todos los fallos humanos en la conducción.

En concreto, se considera velocidad inadecuada a la que no se adapta a las condiciones de la vía, del tráfico, del vehículo o del propio conductor. Por lo general, se trata de velocidad excesiva (por encima de los límites establecidos) y no permite controlar un vehículo en situaciones problemáticas. Conviene tenerlo en cuenta, ya que tanto la velocidad inadecuada como la excesiva representan un potencial factor de riesgo.

Velocidad excesiva: mayor riesgo

Tanto es así que la probabilidad de fallecer o sufrir lesiones graves permanentes es mucho mayor en un accidente con velocidad excesiva. Para alertarnos sobre el peligro que supone superar los límites establecidos, desde la DGT, a través de su manual “La velocidad”, nos ponen un ejemplo de lo más ilustrativo: si colisionamos contra un objeto rígido, el impacto puede compararse a saltar con nuestro vehículo desde la planta de un edificio. De esta forma:

  • Una colisión a 50 km./h. equivale a caer desde un tercer piso.
  • Una colisión a 120 km./h. equivale a caer desde el piso 14.
  • Una colisión a 180 km./h. equivale a caer desde el piso 36.

Asimismo, la velocidad excesiva puede ocasionar daños muy graves a terceros. Por ejemplo, a los peatones. De ahí que en algunas ciudades se haya empezado a establecer un límite de 30 km./h. en determinadas vías. Pero, ¿cómo afecta la velocidad en la mortalidad de este colectivo? Según el citado manual de la DGT:

  • A 30 km./h., se estima que sólo el 5% de los peatones atropellados podría fallecer a consecuencia del accidente.
  • A 50 km./h., el porcentaje de viandantes fallecidos se aproximaría al 50%. Y en el caso de sobrevivir al atropello, la probabilidad de causarle una discapacidad a un peatón sería muy elevada.
  • Finalmente, a partir de 80 km./h. el atropello sería fatal y ningún peatón sobreviviría debido a las lesiones sufridas.

Y por la misma “regla de tres”, está claro que cuanto mayor sea la velocidad, más tardaremos en detener el vehículo. Y ello es así porque la velocidad excesiva afecta a nuestra capacidad de reacción ante posibles obstáculos. Si a ello le sumamos un firme en mal estado, condiciones atmosféricas adversas (lluvia, nieve, hielo, niebla, etc.), un mantenimiento precario de la moto (neumáticos, frenos, suspensiones, etc.) y factores como la fatiga, el sueño o el alcohol, las consecuencias pueden ser muy negativas.

¿Cómo influye la velocidad excesiva en los conductores?

Como hemos comentado en el apartado anterior, la velocidad excesiva afecta a la capacidad de reacción de los conductores. De manera especial, altera nuestro campo de visión, potenciando así una serie de factores de riesgo:

  • Para empezar, una velocidad excesiva provoca el denominado “efecto túnel”, que reduce significativamente la percepción de cuanto sucede a nuestro alrededor e impide apreciar cualquier peligro en los márgenes de la vía.
  • Sobre todo, esa menor capacidad de visión periférica es muy peligrosa en las intersecciones. Y también nos limitará para ver y analizar lo que suceda en el entorno (señales de tráfico, peatones, otros vehículos, etc.).
  • Como ejemplo de relación entre velocidad excesiva y reducción del campo de visión, al circular a una velocidad de 80 km/h se estima que perdemos un 35% de la eficacia visual.
  • Por último, como ha quedado expuesto anteriormente, el exceso de velocidad dificulta la capacidad de anticipación, acelera la aparición de la fatiga, aumenta las probabilidades de sufrir una distracción y también puede provocar agresividad.

¿Cuáles son los límites de velocidad existentes en España?

Volviendo al Reglamento General de Circulación, en su artículo 45 especifica que “todo conductor está obligado a respetar los límites de velocidad establecidos” y tener en cuenta cuantas circunstancias surjan en cada momento con el objetivo de adecuar la velocidad de su vehículo a la mismas, “de manera que siempre pueda detenerlo dentro de los límites de su campo de visión y ante cualquier obstáculo que pueda presentarse”.

Y por lo que respecta a los límites de velocidad, el actualizado artículo 48 (Velocidades máximas en vías fuera de poblado) establece los siguientes para turismos y motocicletas:

  • Autopistas y autovías: 120 km./h.
  • Carreteras convencionales: 90 km./h.

Según el citado artículo, “en carreteras convencionales con separación física de los dos sentidos de circulación, el titular de la vía podrá fijar un límite máximo de 100 km./h. para turismos, motocicletas y autocaravanas con masa máxima autorizada igual o inferior a 3.500 kilos”.

En cuanto a las velocidades máximas en adelantamientos, el artículo 51 del Reglamento General de Circulación señala que “las velocidades máximas fijadas para las carreteras convencionales que no discurran por suelo urbano sólo podrán ser rebasadas en 20 km./h. por turismos y motocicletas cuando adelanten a otros vehículos que circulen a velocidad inferior a aquellas”.

Y en lo relativo a las vías urbanas y travesías, el artículo 50 establece, con carácter general, una velocidad máxima de 50 km./h. salvo para los vehículos que transporten mercancías peligrosas, “que circularán, como máximo, a 40 km./h.”.

¿Qué sanciones contempla la ley para los infractores?

Sin duda, circular a velocidad excesiva es un factor de riesgo y puede dar lugar a un accidente de tráfico. Pero, además, incumplir los límites genéricos de velocidad establecidos en el Reglamento General de Circulación se considera una infracción grave o muy grave. Ello supone la pérdida de entre dos y seis puntos del carnet de conducir, en función del exceso de velocidad, y una multa económica de hasta 600 euros.

Y no sólo eso. Según el artículo 379 del Código Penal, superar los límites de velocidad en 60 km/h y 80 km/h en vías urbanas e interurbanas, respectivamente, está tipificado como delito y es castigado con la pena de prisión de tres a seis meses, una multa de seis a 12 meses o trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días. Y en cualquier caso, también contempla la privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores por un tiempo que oscilaría entre uno y cuatro años.

La velocidad adecuada, un factor protector

Para finalizar, desde la DGT hacen hincapié en que la velocidad adecuada puede ser considerada un factor protector frente a los accidentes de tráfico. “Circular siempre a una velocidad adecuada a la situación a la que te encuentras puede evitar que sufras un accidente; y aunque este finalmente llegue a producirse, probablemente será de mucha menor gravedad que si hubieras estado circulando más velozmente”, observa el organismo dependiente del Ministerio del Interior.

Y no menos relevante: circular siempre a una velocidad adecuada es un hábito que permite ahorrar dinero y reducir sensiblemente las emisiones contaminantes, contribuyendo así a fomentar la movilidad sostenible.

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